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lunes, 8 de agosto de 2016

El zar es el representante de Dios, puede ser que siga con los acertijos o que ,¡oh milagro!, el oso aprenda a hablar

 El zar es el representante de Dios, puede ser que siga con los acertijos  o que ,¡oh milagro!, el oso aprenda a hablar

Un siquiatra y dramaturgo amigo, Jorge Bucay , me envío desde su Buenos Aires, donde es profesor  universitario, el siguiente cuento:
 El zar es el representante de Dios, puede ser que siga con los acertijos  o que ,¡oh milagro!, el oso aprenda a hablar

Un día, el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído. Este  zar era caprichoso, autoritario y cruel (como todos los que se enmarañan  en el poder de la política ). Así que furioso por la ausencia del botón, mando buscar al sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo. Nadie lo  contradijo. La guardia fue hasta la casa del sastre y lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí la muerte.
Al atardecer, cuando el carcelero le llevó al sastre la última cena, el reo  meneó la cabeza y musitó:
¡ Pobre zar!
El guardia no pudo evitar la carcajada.
– ¿Pobre zar? Pobre de ti.Tu cabeza quedará bastante lejos de tu cuerpo mañana mismo.
– Tu no lo entiendes – dijo el sastre – ¿Qué es lo más importante para nuestro zar?

– ¿Lo más importante? – contestó el guardia – . No lo sé.Tal vez  su pueblo.
– No seas estúpido. Digo algo realmente importante para él.
– ¿Su  responsabilidad?
– ¡Más importante!, ¿qué es lo más le importa al zar ?
– ¡Ya lo se!, ¡su oso! ¡Que hable su oso y atraiga la atención de los que ahora  lo critican por incoherente ¿Y?
– Mañana, cuando el verdugo termine conmigo , el zar perderá su única oportunidad de conseguir que su oso hable. Y permanecerá  íngrimo frente a las bromas de quienes lo escuchan.
– ¿Tú eres entrenador de osos?
– ¡Pobre zar!
Deseoso de ganarse favores  el pobre guardia corrió a cantarle al soberano su descubrimiento.¡El sastre sabia enseñar a hablar a los osos! El zar estaba encantado. Mandó a buscar inmediatamente al sastre, y cuando lo tuvo frente  le ordenó:
– ¡Enséñale a mi oso nuestro lenguaje!
– Me encantaría complacerle, ilustrísimo, pero enseñar a hablar a un oso es una tarea ardua y lleva tiempo.
Lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo.
– ¿Cuánto tiempo llevará el aprendizaje? – preguntó el zar.
– Depende de la inteligencia del oso…
– ¡El oso es inteligente! – interrumpió el zar De hecho es el oso más inteligente….
– Bien. Si el oso es inteligente y siente deseos de aprender , el aprendizaje duraría, aproximamente,  dos años
– Bien tu pena será suspendida durante dos años mientras entrenes al oso. ¡Mañana empezarás! – ordenó.
– Alteza – dijo el sastre, sii tú mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto. Mi familia se las ingeniará para sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, ya no tendré tiempo para dedicarme a tu oso. Deberé trabajar de sastre para mantener a mi familia.
– Eso no es un problema – dijo el zar  A partir de hoy, y durante dos años, tú y tu familia estaréis bajo la protección real. Seréis vestidos, alimentados y educados con el dinero del zar. Nada que necesitéis o deseéis os será negado. Pero, eso si: si dentro de dos años el oso no habla , te arrepentirás de haber pensado esta propuesta. Desearás que el verdugo te hubiera matado. Entiendes, ¿verdad?
– Si, alteza.
– Bien, ¡guardias! – grito el zar Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte. Dadle dos bolsas de oro, comida y regalos para los niños. ¡Ya! ¡Fuera! No lo olvides – le dijo el azar apuntándolo con el dedo directamente a la frente , si en dos años el oso no habla …
El sastre apareció en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos. La esposa del sastre no cabía en sí de asombro. Su marido, al que pocas horas antes  dizque había sido  llevado al cadalso, volvía ahora, acaudalado y exultante.
Cuando estuvieron solos, el hombre le contó los hechos.
– ¡Estás loco! – gritó la mujer  ¡Enseñar a hablar al oso del zar! Tú, que ni siquiera has visto a un oso de cerca.
– Calma, mujer, calma.
– Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer. y ahora tengo dos años.En dos años pueden pasar tantas cosas. En dos años – siguió el sastre – se puede morir el zar, no es fácil gobernar a un pueblo engañado. Me puedo morir yo. Y puede ser, no te olvides que el zar también es el representante de Dios, que   ¡ a lo mejor el oso hable!