sábado, 11 de junio de 2016

No dejaré amputar mi mañana porque no existirá un “dentro de 2 décadas”

No dejaré amputar mi mañana porque no existirá un

“dentro de 2 décadas”

Samaria Márquez Jaramillo

 "Dentro de veinte años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por aquellas que realizaste. Así que suelta amarras. Navega lejos del puerto seguro. Explora, sueña, descubre” Mark Twain


El jueves en la noche, en el momento de apagar el computador leí una noticia que me sacudió:

“Muere Noam Chomsky a los 87 años” Sentí en las paredes interiores de mi cuerpo  un ramalazo, una ráfaga ardiente. Los disidentes a todo lo que sea mediocre, corrupto y acomodaticio, no deberían morir, pensé mientras que por un cumulo de mis rebeldías transitaba la decepción. ¡Tanto esfuerzo disipado sin siquiera lograr un cambio en las inclinaciones de los que tienen como lema: “papaya dada, músculos  estomacales  en acción!”.

 La noticia del deceso de Chomsky que dice: “El jueves ,9 de junio, aproximadamente a las 11 a.m. falleció nuestro amado filósofo Chomsky. Lo vamos a extrañar, pero nunca lo vamos a olvidar. Por favor mostrad vuestra simpatía y condolencias a través de comentarios en esta página”, se convirtió en viral , afortunadamente no es cierta pero si utilitaria pues  el bulo  dio ocasión de reunir más de 1 millón  de mensajes en la red de los 140 caracteres.


El Lingüista y filósofo estadounidense, alguna vez enunció que la lacra humana es la manipulación mediática , de la que denunció algunas de sus manipulaciones:

La estrategia de la distracción:  El elemento primordial del control social consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

Crear problemas y después ofrecer soluciones:
Este método también es llamado “problema-reacción-solución. Por ejemplo: dejar que se  intensifique la violencia urbana u organizar atentados sangrientos, con el  fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad.
O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

La estrategia de la gradualidad:  Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas. De esa manera, condiciones socioeconómicas como privatizaciones,
desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes y oros tantos cambios , hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas
de una sola vez.
Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos.

 Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad
Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…”
Retorno a Twain:” Explora, sueña, descubre” y lo complemento con un pensamiento de Picasso: “Si hubiera solo una y  única verdad, no sería posible pintar cientos de cuadros sobre el mismo tema”.

Ancha y larga, mientras la ejercemos, es la vida y nos da oportunidad para construir a partir de las cenizas.
La anterior no es una frase poética. En algunos países industrializados, los residuos del carbón, las cenizas, son utilizados en la fabricación de materiales de construcción como cemento, concreto  y ladrillos.
En mi caso, es un hecho cotidiano utilizar más de la mitad de mis esfuerzos en abrirme paso, en medio de la maraña de los intereses creados y de los cvy, (cómo voy yo) y luego, estar tan cansada que no me restan ánimos para  vanagloriarme de mis triunfos o disfrutarlos. Hoy, ahora, estoy segura: dentro de 20 años no estaré decepcionada por lo que dejé de hacer puesto que, cuando transcurran esas 2 décadas, con seguridad ya no estaré yo.





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lunes, 6 de junio de 2016

Ni la guerra ni la paz tienen un por qué para los colombianos

Ni la guerra ni la paz tienen un por qué para los colombianos
Samaria Márquez Jaramillo






De 1812 a 1815, Colombia padeció la Guerra entre Centralistas y  Federalistas; de  1851 a 1885, hubo 7 guerras civiles  y de 1899 a 1902 existió la Guerra de los Mil días. Desde la mitad del siglo XX hasta hoy, los colombianos vivimos un conflicto armado. Es redundancia agregar que los colombianos de las ultimas 4 generaciones  desconocemos lo que es vivir en paz. Sin embargo,  ni la guerra ni la paz tienen, para nosotros, un por qué aunque, indistintamente, atribuyamos  nuestra situación social a la debilidad del Estado, en algunos aspectos, y al nazismo, con acentuada utilización del poder, en otros. Para mí, los factores de discordia han sido dos. El primero es territorial  y el segundo es la narco corrupción. Ambos interconectados.

La descentralización político administrativa que instituyó la nueva Constitución colombiana, de 1991,  permitió que los departamentos tuvieran autonomía para la administración de sus operaciones económicas, sociales y eco-culturales, a la vez que convirtió a Colombia en el país de Latinoamérica más regionalizado: 1.123 municipios, 32 departamentos y 5 distritos especiales. No es esto la única fuente de  conflicto. En 1958, la dirigencia política de este país, estableció el Frente Nacional que consistió en que los dos partidos, liberal y conservador, se alternarían por 16 años, cuatro períodos, en la presidencia de Colombia.

"VUELA COMO MARIPOSA, PICA COMO ABEJA" . Mohamed Alí 

Pero como el Frente Nacional trajo la llamada paridad administrativa que multiplicó el número de burócratas y el Estado creció, en cifras presupuestadas, mientras que demostraba debilidad, poca gobernabilidad y desconfianza de los ciudadanos en sus instituciones. Como no hay situación que sea  inerte, lo social  sobrepasó sus orillas y se nos vino encima el conflicto armado, soliviantado por la manipulación que de él los políticos,  sin patriotismo,  hicieron uso, como argumento  en sus discursos para acceder al poder sin ética, puesto que las reformas sociales no han sido soluciones ni ellas mismas tienen larga permanencia: La Ley 200 de 1936 fue modificada con la Ley 100 de 1944. La Ley 135 de 1961 fue desmontada por  el llamado Pacto de Chicoral, en 1973. ¿A la Ley de víctimas y restitución de tierras, que otro asidero justificador  –no justificable- llegará para desmentirla?

Por ahora la publicidad política pagada distorsiona el para qué y el por qué del acto legislativo por la paz que    fue aprobado por la Cámara, puesto que todos estamos a favor de la Paz, eso es connatural al ser humano, pero lo que el prestidigitador hará es usar el llamado  procedimiento Legislativo Especial que le da facultades extraordinarias al presidente de la República por 180 días para expedir decretos con fuerza de ley, con el objetivo exclusivo de facilitar y asegurar la  implementación del acuerdo final. ¡Dios mío! ¿Para dónde vamos y en qué república bananera viviremos?

Guernika, Picasso

Les economizo búsqueda en Google: República bananera es un término peyorativo, asignado a un país considerado  políticamente inestable, empobrecido y atrasado, cuya economía depende de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por los bananos), gobernado por un manipulador, un dictador  o una junta militar.
Seguiré pensando que es mal negocio vender la patria para comprar la paz



sábado, 4 de junio de 2016

La micro corrupción planeando en cielo del Quindío
Samaria Márquez jaramillo



El  Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, 2015) dice que  la locución adverbial hoy por hoy   da a entender que algo es o sucede ahora, de cierto modo, pero puede cambiar más adelante.
Por lo tanto no diré que en el Quindío nos consumió la micro corrupción sino que, hoy por hoy, se ven los tentáculos de algunos que están estrenándose en la burocracia y andan atareados manipulando circunstancias en su propio,  y de bajo calado, beneficio, porque , dependiendo de las facilidades y la impunidad, dejarán de ser carguero de corta eslora y se convertirán en bajel pirata trasatlántico con más  travesías que el Queen Mary II. Lo que quiero decir es que iremos de mal a peor.

 Si bien los actos de corrupción son nocivos en todas sus formas y en toda institución pública, un caso especialmente sensible para la ciudadanía está representado por la corrupción que afecta a aquellas instituciones que forman parte de la administración seccional. Sin embargo, no es mi especialidad hacer señalamientos sino, mediante mis escritos, llamar la atención sobre la llaga social abierta en las venas administrativas y que, puede ir a mayores. Advierto que, aún, no tengo datos concretos pero que estoy atenta … No es fácil luchar contra la corrupción. Es indispensable poseer o adquirir conceptos y actitudes coherentes ,así como la mayor información ,con pruebas.


El periodista Marcos Silva, de El Tiempo,   afirma que “la contratación pública es la fuente donde bebe  la corrupción y que el flagelo de la corrupción le cuesta más a la nación que el conflicto interno. Bajo esas condiciones, los convenios y contratos que no cumplen el requisito primordial, que es la idoneidad,  pueden convertirse en caja menor, o presupuesto de bolsillo,  de secretarios de despacho, a través del CVY, cómo voy yo. Este mal se extendió por todo el país comprometiendo la inversión y el desarrollo nacional, impidiendo la equidad en la redistribución del ingreso y el cumplimiento de la función del Estado. Además, deteriora la institucionalidad, la ética y la moral de la ciudadanía, puesto que, mediante convenios interadministrativos se trasladan dineros de la administración a las entidades sin ánimo de lucro que “fabrican” su idoneidad y eficiencia, mediante falsificación en documentos que, parecen inocentes, pero que son considerados públicos y que  esa maniobra se encarga de esclarecerla la rama penal de la Justicia. También la Ley 1150/2007 fue aprobada para resolver las deficiencias de la Ley 80/93. La contratación pública debe tener controles estrictos y contemplar sanciones drásticas por procedimientos delictivos. Todo acto de corrupción tiene que sancionarse con exclusión definitiva para ejercer cargos públicos o contratar con el Estado, por sí mismo o en consorcio o persona jurídica. El ordenamiento jurídico debe probarle al delincuente que el delito no paga.”

La corrupción en la contratación pública se puede controlar, con voluntad y responsabilidad política y social. Pensando en la forma de que lo anterior suceda, consulté a un amigo, abogado de renombre en el ámbito nacional. Él me explicó: “El tema de la diferencia entre los contratos estatales y los convenios de colaboración es uno de los que mayores inquietudes genera entre los abogados. Para satisfacer tu consulta (gratuita) te contaré, literalmente, lo que el prestigioso  abogado, especialista en derecho administrativo, José Vicente Blanco Rengifo, conceptúo”: “Nadie puede negar la legalidad, legitimidad y utilidad de los convenios de colaboración, obviamente mientras ellos no se utilicen para evadir las formalidades propias de la contratación estatal o para fines de lucro personal. Partiendo entonces de la base de la importancia de los convenios de colaboración en la actividad pública, he estado leyendo con mucho interés la sentencia proferida por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia en contra de Andrés Felipe Arias, a través de la cual fue condenado por el delito de “celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales” y veo que los actos bilaterales por los cuales fue condenado fueron “convenios de colaboración” celebrados entre el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural con la Oficina en Colombia del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA. Debo advertir de manera preliminar que el presente análisis lo hago desde la perspectiva del tratamiento que la Corte Suprema de Justicia le dio a la figura de los convenios y los contratos sin pretender hacer un análisis sobre la existencia o no de responsabilidad penal del Dr. Arias. Continuando entonces con el tema, puedo afirmar que surge una enorme inquietud cuando se observa que el artículo 410 del código Penal tipifica el delito de celebración indebida contratos bajo la modalidad de celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales, frente a lo cual se destaca que los actos bilaterales por los cuales se procesó al Dr. Arias  fueron convenios de colaboración y no contratos. Este aspecto es importante pues en derecho penal los tipos penales deben ser analizados de manera restrictiva y por tanto no puede haber aplicación analógica de los mismos. Veamos el texto del artículo 410 del Código Penal: Artículo   410. Contrato sin cumplimiento de requisitos legales. El  servidor público que por razón del ejercicio de sus funciones tramite contrato sin observancia de los requisitos legales esenciales o lo celebre o liquide sin verificar el cumplimiento de los mismos, incurrirá en prisión de cuatro (4) a doce (12) años, multa de cincuenta (50) a doscientos (200) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas de cinco (5) a doce (12) años… “



viernes, 3 de junio de 2016

Artistas: Aléjense del clientelismo
Samaria Márquez Jaramillo
El artista con su presencia y obra es el primer promotor, defensor o pilar del sistema, mientras que el establishment lo utiliza en sus fines políticos, demagógicos o de intereses creados.  Nunca los artistas han estado tan ensalzados en su virtual genialidad y tan desprotegidos ante la oligarquía del mercado y de la crítica". (Iuri Lech).

Pienso que quien practique, con talento,  una disciplina del arte, debe arriesgar la vida por su vocación, dar rienda suelta a su saber y alejarse de caminos económicos seguros para dedicarse de lleno al misterio de la creación y, si logra el cómo, los cantos de sirena  del mundo político no le deben importar. El verdadero artista, para ser consecuente con su obra, debe vivir en su mundo, no en el clientelismo y habitar en su laberinto de ideales y sueños.

EL arte tiene una historia repetida, bajo diferentes formas, año por año, en todas las épocas. Desde la antigua Roma, el Renacimiento o el Romanticismo los cultores de la arquitectura, la danza, la escultura, la música, la pintura, la poesía, la narrativa, cinematografía, fotografía, historieta, artes plásticas, artes visuales, deben tener presente que el poder, político y económico, usa al arte en propio beneficio y su aparente mecenazgo es la manera de controlarlo para poder usarlo en su propio beneficio  o en el ejercicio del clientelismo.

 Y ocurre, de igual manera, que los artistas cuando estorban a los propósitos de los mandatarios, son eliminados, ya sea quitándoles la vida o condenándolos al olvido, las privaciones o las calumnias. Desde el arte primitivo hasta el contemporáneo, pasando por el Renacimiento o el Romanticismo, los atentados a los artistas fueron, y son, perpetrados bajo formas verdaderamente sorprendentes.

Aprovecho que dentro de 3 días, el 5 de junio (según el calendario Gregoriano), se cumplen 217 años del nacimiento de Pushkin, para hablar de su

muerte: El poeta, dramaturgo y novelista, fundador de la literatura rusa se constituyó en  trovador de las libertades individuales y cívicas y el zar Nicolás I, patrocinó un ardid para quitarle la vida: hace unos pocos años se supo que la muerte de Pushkin no fue un accidente, sino un asesinato premeditado. Los agentes del zar fraguaron los anónimos sobre los supuestos adulterios de Natalia Conchabara, esposa del poeta. Por esos anónimos,  Pushkin se vio obligado a batirse con el barón francés D’Anthés Haeckeren. Este era un tirador profesional, expresamente contratado. El duelo violó todas las reglas. Ningún médico estuvo presente y D’Anthés Haeckeren tiró a matar. Gravemente herido, Pushkin fue llevado a su casa en trineo, perdiendo durante el viaje dos litros de sangre. El doctor Arendt, cirujano personal de Nicolás I, tardó en llegar, impidió que otros colegas asistieran al herido y, durante las 46 horas que Pushkin sobrevivió, se limitó a darle calmantes en vez de extraerle la bala.

Las relaciones entre el poder y el arte no han cambiado sustancialmente: Si no producimos loas, los artistas somos condenados a suplicios. En un considerable porcentaje, la relación entre los artistas y el poder ha sido de desprecio mutuo a la vez que de hipócrita aceptación. En cada época los intereses recíprocos han ido variando y muchos artistas (los clientelistas) crearon encargos bien pagados por los poderosos, que buscaban expresar quiénes eran y qué pretendían y que sabían que su voz no era suficiente porque carecía de melodía.

domingo, 29 de mayo de 2016

SALUD HERNÁNDEZ , CARLOS CASTAÑO Y MI CONFESIÓN NO SON RESPUESTA A AUSENCIA DEL ESTADO

Mi Confesión cuenta  las memorias  de Carlos Castaño y el autor es Mauricio Aranguren, publicadas en el 2001. El prólogo lo escribió Salud Hernández.


En Colombia, en los campos de las ideas y los delitos,  los jugadores más famosos son “bicamisetas”: En el pecho y en la espalda, diferentes banderas. Eso hace que las historias que trascienden sean, de igual manera, narraciones conceptualmente diferentes, dependiendo del bando donde, en el momento de escribirlas esté el amanuense, narrador que también de una manera u otra es protagonista. El resultado es que todos desconocemos la historia del conflicto en el que estamos inmersos porque hay más encubiertos que hechos públicos, éticamente conceptuados. 

  



Ajustado a su criterio estilo 2001, Salud Hernández-Mora,  dilucida la naturaleza de las autodefensas y justifica la creación de los grupos fascistas como unidad modular de amparo para quienes sufrieron los crueldades de las Farc. Es decir que, de alguna forma legítima lo que de ninguna manera sea correcto justificar, mucho más si ya en la fecha de publicación de la semblanza reaccionaria de Carlos Castaño, sin ser adivinos ya se podía dilucidar la tendencia  delincuencial en la que las autodefensas operarían. A la lógica me atengo: ¿Se podría tratar de hacer un panegírico a quien recurre a matar y robar, alegando que  el Estado no le ofrece otras posibilidades?


El siguiente es el prólogo del libro referido en los anteriores renglones:
“Si las personas que apoyan moralmente a Carlos Castaño y a su grupo armado dejasen de hacerlo después de leer este libro, ya habría merecido la pena su publicación. Y si contribuyera a despejar de muchos corazones las ansias de venganza por el crimen de un ser querido que quedó impune para siempre, también estaría justificado. Porque resulta aterrador pasar las páginas ensangrentadas con decenas de muertes cuyo autor o inductor invoca en aras de una causa que él considera legítima: acabar con la subversión en Colombia al precio que sea al tiempo que venga el asesinato de su padre.
Pero este libro es algo más que las confesiones de uno de los principales actores de la guerra que está desangrando este país sudamericano. Es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico, del cinismo e ineptitud de los políticos, de la incapacidad del Estado de cumplir sus funciones constitucionales, de la falta de ética de los dirigentes y de algunos dueños de medios de comunicación, de la crueldad de los grupos al margen de la ley, de la doble moral de todos ellos; en fin, una radiografía a veces siniestra y en ocasiones patética, de una nación que naufraga ante la pasividad de su clase dirigente y el sentimiento de impotencia de sus ciudadanos.

Sin embargo, algunos lectores y muchas personas que no quieran siquiera leer una línea, sólo verán en él la apología del terrorismo, darle espacio a un confeso de decenas de asesinatos para que explique las razones que le llevaron a cometerlos. Pienso, por el contrario, que es un documento periodístico que nos ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, está influyendo de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas.

Contribuye, también, a comprender que las AUC no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, que el monstruo se les salió de las manos. Que con ese “grupo político-militar de resistencia civil armada anti guerrillera”, único en el mundo y reforzado cada día por la degradación social antes mencionada, sólo se saldrá por la vía de la negociación, se quiera o no.

Castaño, un autodidacta que se define como más político que militar, es un personaje poco conocido, involucrado en infinidad de crímenes y de acontecimientos oscuros. Pero nadie puede discutirle la franqueza con que aborda algunos temas macabros y su decisión a aceptar algunas verdades nada favorables sobre él, su entorno cercano y su organización.

He tenido la oportunidad de entrevistarlo en tres ocasiones, corroboré esa sinceridad y sentido autocrítico ocasionales, así como su facilidad para conectar con las preocupaciones de un amplio sector social, aunque nunca me concedió el tiempo suficiente para tratar asuntos del pasado, o intercambiar opiniones con amplitud. Es, además, un entrevistado acelerado, inquieto, difícil, que habla como una ametralladora, y apenas deja un resquicio para meter una frase o un apunte. Por esa razón, cuando coincidí en una de esas entrevistas con Mauricio Aranguren y supe del trabajo que estaba preparando, me pareció una buena iniciativa, la única forma de llegar a saber una parte de la verdad, interesada, por supuesto, de muchos acontecimientos de la historia reciente colombiana.

“Este libro es verdad pero no toda la verdad”, dice Castaño. Y es tan sólo, no lo olvidemos, su verdad y, por si fuera poco, parcial. Por tanto, todo el contenido habría que ponerlo en cuarentena y contrastarlo con otros testigos, algo que, sabemos, no será fácil. La escasa o nula credibilidad que merecen políticos, algunas autoridades, mafiosos o grupos guerrilleros también involucrados en la mayoría de los acontecimientos relatados, hace concluir que llegar algún día a saber a ciencia cierta lo que realmente ocurrió será misión casi imposible. Pero, al menos, este libro es, a mi juicio, entre verdades, medias verdades y silencios, un aporte interesante y ojalá otras partes se atrevan a imitar el ejemplo.

Quizá uno de los pasajes que más polvareda levantará es el referido a la toma del Palacio de Justicia y al asesinato de Carlos Pizarro, el candidato presidencial procedente del M-19. No creo que ni su familia ni sus seguidores acepten las implicaciones que Castaño le adjudica con la mafia.

“Carlos Pizarro era el hombre de Pablo Escobar. Los narcotraficantes soñaban con el poder y Pablo siempre quiso la presidencia”, afirma Castaño. Por esa razón, “¡Pizarro tenía que morir!”.

Según el comandante de las AUC, la toma del Palacio de Justicia se decidió en su presencia en la Hacienda Nápoles. Era el favor que le haría el M-19 a los narcos a cambio de unos millones de dólares. Con eso lograrían destruir los archivos en donde se guardaban los casos contra los mafiosos.

Y no sólo eso. Pizarro, asegura el confeso, había hecho otros trabajos sucios porque “Pablo lo mantenía chantajeado y extorsionado. Escobar tendría un idiota útil en la presidencia o en el cargo que alcanzara”. Esa fue su sentencia de muerte. En ese momento, Castaño y otro grupo se invisten de ángeles justicieros y planean su crimen, cometido, como es bien conocido, en el interior de un avión en vuelo. En el capítulo II cuenta de forma escalofriante los pormenores de la preparación y la forma en que se llevó a cabo.

“Mataron a quien iba a salvar a este país; se morirán los candidatos de la hijueputa oligarquía”, dice Castaño que fue el comentario rabioso de Escobar al conocer la noticia.

La vida y muerte, que algunos cuestionan, de Fidel Castaño, acaecida el 6 el enero de 1994, contada con bastante detalle, ayuda a comprender mejor a su hermano y la doble moral que practica. A Fidel le disculpa sus nexos con el narcotráfico, sus arrebatos criminales, su obsesión por convertirse en millonario, su participación en la venta de arte a los mafiosos, incluso sus fraudes. Pero hay que reconocerle la franqueza con la que habla del mayor de los Castaño, el hombre más importante en su vida. “Fidel fue un gran hombre, un muy buen hermano, antisubversivo hasta los tuétanos, pero no tenía todos los escrúpulos”.

Fidel muere, según relata el comandante de las AUC, por un error en una escaramuza, de un disparo en el corazón. Lo enterraron en algún lugar del Nudo del Paramillo.

Pero el origen de todo, lo que le llevaría tiempo después, a los 29 años de edad, a asumir el control de las AUC, fue el secuestro y posterior asesinato de su padre. “Yo puedo perdonar todo lo que ha pasado en estos veinte años de guerra, pero la muerte de mi padre, no”.

Tal vez todo lo referido a ese crimen, y a la venganza que emprenden los dos hijos, es uno de los episodios que dejan más perplejo al lector. Habría que preguntarle a Castaño cuántos padres no han perdido sus vidas porque Fidel y él decidieron tomarse la justicia por su mano ante la falta de acción, habitual por otra parte, de los tribunales y de los cuerpos de seguridad estatales. Cuántos hijos esperan de Castaño una explicación, cuántas lágrimas no ha hecho derramar inútilmente. Pero aún hay algo que llama más la atención. “Ese capítulo de mi vida aún no se ha cerrado si no me devuelven el cadáver de mi padre”.

¿Sabe el comandante de las AUC las miles de familias que aguardan a que sus hombres les devuelvan los cadáveres de sus seres queridos que ellos masacraron? ¿Acaso ignora lo que su gente llama el cajón largo? En fin, supongo que esto mismo se preguntarán indignadas las víctimas de su particular justicia.

“Durante el primer año fuimos una organización de espíritu exclusivamente vengativo, y cuando ya habíamos ejecutado a la mayor parte de los asesinos de mi padre, comenzamos a ser justicieros... Éramos unos pistoleros vengadores con una causa por la justicia. Así de sencillo.”

Con sólo dieciséis años Castaño ejecuta a su primer guerrillero de civil, el hermano de uno de los que mataron a su padre. “Recuerdo, como si fuera hoy, lo que le grité: No creas que me vas a matar a traición y amarrado, como a mi padre, hijueputa... Ahí le metí tres tiros más en la cabeza”.

Como es habitual en la historia de este país, más de uno aprovechó la creación del grupo vengativo para que les hicieran el trabajo sucio; como en una ocasión me confesó Castaño, ellos fueron los tontos útiles del régimen. Y, por supuesto, nadie puede negar la connivencia de las Fuerzas Armadas en la gestación y posterior desarrollo de las AUC.

“Muchas veces se nos acercó un policía o un cabo para decirme: Carlitos, ve ese hombre en la esquina del cementerio, es un guerrillero; no hay ninguna prueba contra él, ustedes verán qué hacen... Se coordinó la acción... y al salir el subversivo, lo ejecutaron”.

En otros apartados queda demostrada esa colaboración, nada sorprendente por otro lado, ya sea dejándole seguir tras ser reconocido en un retén, o mirando hacia otro lado cuando su banda armada realiza una incursión.

Aún así, Fidel Castaño sugirió en su día una separación de las AUC y las Fuerzas Armadas. “Hermano, esto no es por donde lo estamos haciendo, al lado del Ejército no vamos a llegar a ninguna parte, más adelante nos van a matar, aquí vamos a pelear a nuestra manera. Esto es guerra de tierra arrasada”. En la actualidad, debido al esfuerzo conjunto de Gobierno y cúpula militar, poco reconocido en el exterior, la división es mayor pero aún no es total.

Sobre la creación de las AUC, Castaño indica que uno de los pilares fue el mayor Alejandro Álvarez Henao, del Batallón Bomboná, de Puerto Barrio, quien “tenía muy claro que había que combatir a la guerrilla con sus mismos métodos irregulares”. Tanto el citado militar como “Caruso”, papá de otro uniformado, y Fidel Castaño “fueron los padres de la Autodefensa paramilitar en Colombia. Al mayor Álvarez la institución le importaba un carajo, y decía: «Muerte a la guerrilla»”.

Más tarde crecieron hasta llegar a constituir el ejército federado actual de 13.000 hombres, incluido en la lista de organizaciones terroristas elaborada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Entre sus comandantes y patrulleros, Castaño reconoce que hay menos idealistas de los que él quisiera y que la guerra y el caos general del país es un gran negocio para muchos de ellos, como lo fue para su hermano.

“A mí me pueden pintar como Satanás ante el mundo, pero la pregunta que tarde o temprano tendrán que poner en la balanza es: ¿Qué genera lo que ha liderado Castaño?, eso es lo importante. Sólo me consuela que yo no empecé esta guerra, y las Autodefensas somos hijas legítimas de las guerrillas en Colombia”.

Castaño desvela la participación de civiles supuestamente respetables, que fueron en algunos momentos el cerebro gris de su organización armada, el dedo que señalaba los objetivos a eliminar. Habla del Grupo de los 6 que habrían ordenado el asesinato de Bernardo Jaramillo al que Castaño asegura que se opuso, si bien gentes cercanas a su grupo lo ejecutaron.

En cuanto al extermino de la Unión Patriótica, se atribuye cincuenta crímenes de los centenares que se produjeron y el resto se los achaca a Rodríguez Gacha, “el Mejicano”. Y justifica los suyos por tratarse de verdaderos guerrilleros. Si bien más de uno discutirá la cifra, como si no fuese suficientemente aterradora, su confesión podría colocarle ante una Corte Penal Internacional, el anhelo de muchas de sus víctimas y de los que rechazamos de plano todos sus crímenes. Sin embargo, no creo que llegue nunca ese momento. Esas fuerzas oscuras de las que tanto se habla en este país acabarán antes con su vida, cuando sientan que no lo necesitan más.

Dentro de las AUC Castaño admite que hay 300 ex militares y 600 ex guerrilleros, tanto del EPL como de las Farc y del ELN. La incorporación de los antiguos rebeldes a las filas de sus verdugos es una de las razones que explican la falta de lógica de una guerra que Castaño reconoce que sólo sobrevive por los ingresos del narcotráfico y los intereses particulares de diversos colectivos.

En el capítulo dedicado a las conversaciones secretas entre Castaño y sus representantes con el gobierno de Andrés Pastrana, lo más revelador es la falta de visión que tiene la presente administración sobre el proceso de paz, su desconocimiento absoluto del personaje tanto como de la realidad social del Sur de Bolívar. No creo que ningún lector levante las cejas de asombro por la improvisación que reflejan las negociaciones y tal vez por ello resultan tan creíbles. Incluso la entrada en acción de paracaidistas como Abel Matutes, ex comisario europeo y ex ministro de Exteriores español, así como del ex presidente Felipe González, ambos desconocedores del terreno que tendrían que pisar, dan credibilidad a la versión presentada de los hechos.

El libro también hace revelaciones sorprendentes sobre los Pepes, la colaboración de Castaño con el DAS en la captura de Pablo Escobar y en la desactivación de varios carros-bomba, La Terraza, la guerra en Urabá, la lucha urbana contra la guerrilla, la confrontación armada con el ELN, el entrenamiento militar de Castaño en Israel, la nueva estructura de las AUC, Salvatore Mancuso, su probable sucesor, su matrimonio con la hija de 18 años de un ganadero, sus asesores políticos, su relación con los carteles de la droga...

En resumen, es un libro que generará polémica. Será debatida la conveniencia misma de su existencia, la imparcialidad del periodista, de la que yo no dudo en absoluto; la sinceridad del personaje asumiendo crímenes terribles, algo que nadie antes había hecho. También se discutirá la necesidad de que aparezcan documentos periodísticos con verdades parciales sobre los que se pueda más adelante investigar y, por encima de todo, la veracidad de los hechos que en él se relatan.

El texto, por otra parte, ayuda a predecir unos próximos meses caracterizados por un recrudecimiento del conflicto armado que asolará más, si cabe, al país.

En todo caso, para construir algún futuro en Colombia habrá que conocer bien el pasado y las causas que hayan conducido a la tragedia actual. Pienso que esta “Confesión”, para bien o para mal, contribuyen de alguna manera a ese propósito. Al menos, servirán para que los gobiernos ineptos no sigan dando palos de ciego en la lucha contra los grupos armados, y para que quienes defienden y apoyan a alguna de las dos trincheras, reflexionen sobre la espiral de destrucción y muerte que su frivolidad, irresponsabilidad y falta de escrúpulos ha causado.

De esta guerra sucia, injustificable, son responsables muchos más colombianos que los 25.000 combatientes ilegales que la libran. Carlos Castaño puede ser Satanás, pero con otro Estado y otros dirigentes, con una sociedad justa de sólidos valores, sin una guerrilla que hace años dejó de ser revolucionaria, y sin una legión de verdugos a la sombra peores que él, jamás hubiera llegado a formar las AUC con la fuerza y el poder que tienen en la actualidad”…

viernes, 27 de mayo de 2016

Triste  vida de quien solo aspira a “sembrar  un árbol, tener un hijo y escribir un libro.”
Samaria Márquez Jaramillo
Yo sembré dos mandarinos y tres niñas solitarias, habitantes del condominio donde vivo,  los desvistieron de sus hojas .Antes de que murieran de frío los desraicé.


Tengo un hijo que hoy vive sus sueños en primavera,  a kilómetros de mar  y una hija que desde la ventana de su casa ve a mi nieto aprender a manejar su recién estrenada motocicleta.

  Escribí más de dos pares de novelas,  casi incógnitas, pero tengo un blog  con centenares de visitantes  y  me pregunto: ¿Si yo sembré un árbol, tuve dos hijos y he escrito 5 novelas, porque mi testimonio, bastante largo, es tan incompleto?
Tuve una historia linda, dos  perversa y otra que ni fu ni  fa. Ahora tengo un esposo. Creo que moriré siendo esposa.
Mi amiga  QEPD me enseñó que, de acuerdo con el poema de Ricardo Nieto, que ahora es  canción, Los libros: “¿Qué sabio ha podido mecerse en la bruma?/ ¿Qué artista una gota formar de rocío?/ ¡oh pobres poetas, romped vuestra pluma! /Mirad como escribe sus versos la espuma/ y oíd cómo canta sus versos el río”.


En  Paris,  en el cementerio de Montparnasse, no logré  embriagarme de nostalgia 
caminando entre las tumbas de Jean-Paul Sartre, Charles de Baudelaire, 
Jean Seberg, André Citroën,  y Julio Cortázar. 

Bailé merengue,  en Barranquilla, cumbia en El Banco   y champeta en Cartagena.
En Tebaida canté a gritos: “Por tu amor que fue ilusión y desventura, fracasaron para mi todos
 todos los sueños…”. En Barcelona,  fui a un concierto de Serrat y oí, 
musicalizados, poemas de  Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti,
 y Federico García Lorca. También estuve   un partido de  futbol del Barsa,
 comí  cangrejo en Barceloneta y viaje en tren. En Calatayud  conocí a un hombre, que vivía diferente.
 

He ido tres veces a Buenos Aires y una vez a  Bariloche. Y estuve en el 
sitio exacto del que habla  la Canción del Pirata de Espronceda, 
“La luna en el mar ríela, /en la lona gime el viento, /y alza en blando movimiento 
olas de plata y azul; /y ve el capitán pirata, cantando alegre en la popa/
Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul”… 
 
Vi el Capo uno y el Dos y ahora repito a Betty la fea. Gané varios premios. Trabajé en televisión. Fui el personaje de la semana en España y ahora Los Nietos del exilio avanzan protegidos por una gran editorial.
 Comí anca de rana, bebí mate y fumé la pipa de la paz, aunque soy alérgica al cigarrillo y a todo lo que produzca humo.
Me disfracé en una noche bruja de bruja… 


Me engordé y aprendí a aceptarme en la tercera edad. Lloré de rabia. Fui feliz y ahora estoy cansada y  creo que  es triste la  vida de quien solo aspira a “sembrar  un árbol, tener un hijo y escribir un libro.”