Desde mi posición de periodista me referiré a todo aquello que pueda construir pensamiento . Es característico de la pereza mental de esta región, hacer gala de una falta de apropiación. La indiferencia rotulada como “cada quien que se dedica a lo suyo”, no va conmigo. Lo mío es decir lo que pienso. Simplemente, escribir es mi profesión y anhelo muchos pares de ojos recorriendo mis renglones.
jueves, 24 de octubre de 2013
domingo, 21 de octubre de 2012
AUTOBIOGRAFIA
Nací hace muchos años en La
Tebaida, municipio del Quindío. Tuve una infancia feliz. Lo descubrí hace
poco. Era débil, esmirriada, temerosa y
sigo siendo fea. Los niños no me elegían como compañera de juegos. Mi papá, al llegar a la casa, se mecía en una
silla, mientras leía el periódico. Yo me ubicaba detrás de él y abría y cerraba
mis labios imitando leer en voz baja. Un día mi mamá dijo:” ¡Pobrecita, le
enseñaré a leer!” A los 4 años leía todo lo que pasaba por mis ojos: Los avisos
de la sastrería, la bicicletería, la barbería, la lechería. Todo terminando en
ía. Predestinada: Me iría y volvería.
También en mi primera infancia –ahora voy por la sexta- leía los trozos
de periódico en los que venía envuelto el jabón. Esos pedazos, por no tener los
renglones completos, me daban una información fraccionada que yo intentaba completar. Entonces empecé a
ser escritora.
Cuando tenía 10 años le escribí a El Tiempo, a una página que se
llamaba La Tía Juana. Mi texto fue
publicado completo. Desde entonces no he parado de escribir.
Tengo 5 novelas publicadas. En el año 2004 gané el premio
Iberoamericano de novela Mario Vargas Llosa. Hace 47 años soy periodista.
Trabajé en Cali, en los periódicos
Occidente, El País y El Pueblo.
Fui, fui… ¿Que soy ahora? Pensaré en eso:
Regresé al Quindío. Con dos años sabáticos de por medio, hace 20 años
soy columnista de La Crónica. Y ¿qué más soy?
En mi cédula consta:
Nombre: Samaria Márquez Jaramillo
Sexo : Femenino
Convocadas a contestar, mis hermanas dirán que pude haber tenido más si
le hubiese dado al amor menos. Mis hijos juzgarán que soy la presencia de la
ausencia y mis amigos opinarán que soy frenética,
ferviente, fanática, infantil, obsesiva e insegura. Yo digo: ¡Es mi vida!
Escribir para mí es un oficio mágico: Si no
fuera por él estuviera muy vacía. Me llena de alegrías y de frustraciones. Por
supuesto que el
número de estas últimas es infinitamente más
abundante que el de las primeras. Pero
ocurre que es esa una circunstancia que se escapa de cualquier esfuerzo y decisión míos. Gústenme o no, en
primera página seguirán apareciendo
las pataleta de Uribe, el torso de Falcao García, la cachucha de Gustavo Petro y en un rincón,
que no del alma sino de cualquier página
interior, las estadísticas que explican porque
el salario mínimo es más bajo que en el año 1900. También, ocultas por la pauta aparecen las masacres, los
muertos comunes, el costo de los plátanos, los recortes de personal o las desgracias de las vidas del común y
corriente. Una voz menudita me dice: “Recuerda que trabajas en una industria
que produce periódicos como otras
zapatos o brasieres.
Me niego a aceptar lo anterior. A los hechos me
refiero: El periodismo nació siendo cultural. Sus redactores eran escritores y
su contenido más literario que noticioso pero tenía baja circulación y escasos anuncios.
Después fue el amarillismo y lo banal.
La Literatura vive en los textos bien escritos.
Quien la comenta debe saber escribir y
conocer quienes lo han hecho bien, ganado premios y qué han publicado para que no ocurra lo que pasó acá en Armenia
cuando trajeron una exposición de pintura mexicana: Una muchachita, recién
graduada de comunicadora social, vestida como para un casting, leyó las firmas
en los cuadros y, ruidosamente preguntó: ¿Dónde están los de Carlos Fuentes y
Jorge Volpi?
Quiero recibir la Beca Gabriel García Márquez
porque estoy dispuesta a dar la pelea por el periodismo cultural, los lectores
y mis intereses personales: Los avances digitales junto con las palabras no
pueden hacer en mis reportajes literarios un coctel de incongruencias. Necesito
actualizarme porque al periodista cultural le corresponde informar y también
discernir pero si por los años sesentas,
cuando en Cali se iniciaba la inquietud artística, y en los primeros festivales
de arte con Fanny Mickey como promotora, ya era un compromiso hablar de los
actores de la cultura, cómo cumplir ahora esa tarea. Las
plataformas digitales y las redes
sociales, sobre todo twitter con sus 140 caracteres, multiplican la actividad
cultural pero no tienen tamices adecuados para cernir la paja del heno.
Cerca ya a las 800 palabras tope para sustentar los motivos que me
hacen desear ser favorecida con la beca,
dejo constancia de que en mi ejercicio periodístico me julepea la
presunción de llegar a dilucidar el por qué de las circunstancias y me apabulla
la certeza de que no encontraré las respuestas.
miércoles, 17 de octubre de 2012
La Anarquía es Orden
Este es el primer capítulo del
manifiesto escrito por Anselme Bellegarrigue en París en 1850.
El manifiesto completo estará
disponible próximamente.
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Si me preocupara el sentido
atribuido comúnmente a ciertas palabras y dado que un error vulgar ha hecho de
"anarquía" el sinónimo de "guerra civil", tendría horror
del título con que he encabezado esta publicación, porque tengo horror a la
guerra civil.
Al mismo tiempo, me honra y me
complace no haber formado parte nunca de un grupo de conspiradores ni de un
batallón revolucionario; me honra y me complace porque esto me sirve para
establecer, por una parte, que he sido bastante honesto para no engañar al
pueblo, y por la otra, que he sido bastante hábil para no dejarme engañar por los ambiciosos. He visto pasar,
no puedo decir que sin emoción, pero al menos con la mayor calma, a fanáticos y
charlatanes, sintiendo piedad por los unos y sumo desprecio por los otros. Y
cuando, después de esas luchas sanguinarias—habiendo constreñido a mi
entusiasmo a no moverse sino en el estrecho marco de un silogismo—, he querido
hacer cuenta del bienestar que había traído cada cadáver, he
encontrado cero en el total; y
cero es nada.
Me horroriza la nada: también me
horroriza la guerra civil.
Por eso, si he escrito ANARQUIA
en la portada de este diario, no puede ser para adjudicar a esta palabra el
significado que le han dado—muy equivocadamente, como explicaré en breve— las
sectas gubernamentalistas, sino por el contrario, para restituirle el derecho
etimológico que le conceden las democracias.
La anarquía es la negación de los
gobiernos. Los gobiernos, de los que somos pupilos, naturalmente no han
encontrado nada mejor que hacer que educarnos en el temor y el horror a su
destrucción. Pero como, a su vez, los gobiernos son la negación de los
individuos o del pueblo. Es racional que éste, despertando a las verdades
esenciales, paulatinamente se sienta más horrorizado por su propia anulación
que por la de sus maestros
Anarquía es una vieja palabra,
pero esta palabra expresa para nosotros una idea moderna, o más bien un interés
moderno, porque la idea es hija del interés. La historia ha calificado de
"anárquico" el estado de un pueblo en cuyo seno se encuentran varios
gobiernos en competición; pero una cosa es el estado de un pueblo que,
queriendo ser gobernado, carece de gobierno precisamente porque tiene
demasiados, y otra el de un pueblo que, queriendo gobernarse a sí mismo, carece
de gobierno precisamente porque no lo quiere. En efecto, antiguamente la
anarquía ha sido la guerra civil, y esto no porque ella expresara la ausencia
de gobiernos, sino la pluralidad de
éstos, la competición, la lucha de clases qubernamentales. El concepto moderno de verdad social absoluta o de
democracia pura ha abierto toda una serie de conocimientos o de intereses que
invierten radicalmente los términos de le ecuación tradicional.
Así la anarquía, que, confrontada
con el término monarquía, significa guerra civil, desde el punto de vista de la
verdad absoluta o democrática no es nada menos que la expresión verdadera del
orden social.
En efecto:
quien dice anarquía dice negación
del gobierno:
Quien dice negación del gobierno,
dice afirmación del pueblo;
quien dice afirmación del pueblo,
dice libertad individual:
Quien dice libertad individual,
dice soberanía de cada uno;
quien dice soberanía de cada uno,
dice igualdad:
quien dice igualdad, dice
solidaridad o fraternidad:
quien dice fraternidad, dice
orden social;
Al contrario:
quien dice gobierno, dice
negación del pueblo;
quien dice negación del pueblo,
dice afirmación de la autoridad política
quien dice afirmación de la
autoridad política, dice dependencia individual;
quien dice dependencia
individual, dice supremacía de clase
quien dice supremacía de clase,
dice desigualdad;
quien dice desigualdad, dice
antagonismo;
quien dice antagonismo, dice
guerra civil;
por lo tanto, quien dice gobierno
dice guerra civil.
No sé si lo que acabo de decir es
nuevo, excéntrico o espantoso. No lo sé ni me preocupo por saberlo. Lo que
sé es que puedo audazmente poner
en juego mis argumentos contra toda la prosa gubernamentalista blanca y
roja del pasado, presente y
futuro. La verdad es que yo, en este terreno - que es el de un hombre libre,
extraño
a la ambición, tenaz en el
trabajo, despreciativo del mando, rebelde a la sumisión -, desafío a todo
argumento
del funcionarismo, a todos los
lógicos de la marginación y a todos los defensores del impuesto - monárquico o
republicano -, ya se llame
progresivo, proporcional, territorial, capitalista, sobre la posesión o sobre
el
consumo.
Sí, la anarquía es el orden,
mientras que el gobierno es la guerra civil.
Cuando mi inteligencia penetra
más allá de los miserables detalles en los que se apoya la dialéctica
cotidiana, encuentro que las
guerras intestinas que, en todos los tiempos, han diezmado a la humanidad,
están ligadas a esta única causa,
exactamente: la destrucción o la conservación del gobierno.
En el campo político,
sacrificarse por la conservación o el advenimiento de un gobierno siempre ha
significado
degollarse y destriparse.
Mostradme un lugar donde el hombre se asesina en masa abiertamente, os haré ver
un gobierno a la cabeza de la
carnicería. Si buscáis explicaros la guerra civil de otra forma que como un
gobierno que quiere llegar o un
gobierno que no quiere irse, perdéis vuestro tiempo; no encontraréis nada.
MUERTE EN EMBAJADA CONVOCA PAZ Y DEMOCRACIA LAICAS
Once años después de ese nefasto
día once, hace tres días, como consecuencia del ataque de exaltados musulmanes, el mundo se conmovió con la muerte,
en la embajada de Estados Unidos en
Libia, de Christopher Stevens y tres ayudantes
norteamericanos. Los fanáticos mahometanos
protestaban por una película que,
según sus creencias, ofende a Mahoma.
Mohammed, profeta de los musulmanes,
es el título del film, que tiene 120 minutos de duración y muestra como las fuerzas de seguridad egipcias no
reaccionan ante la quema de hogares de cristianos egipcios por parte de
musulmanes. Y luego, en primerísimo plano, juega con caricaturas del profeta Mahoma,
representado como un niño de padres inciertos, un bufón, un
mujeriego, un homosexual, un abusador de menores y un ladrón codicioso y
sediento de sangre.
Lo que crea suspicacia es que de
esa película existe en YouTube un tráiler desde
julio, sin convocar reacciones y ahora,
coincidiendo con el 11 de septiembre, se cometa otra violencia contra el país
que sufriera el atentado a las Torres Gemelas, por la misma fecha
Egipto tiene un sitio web de
noticias denominado Al-Wafd. En la noticia, la culpa de la muerte del
embajador estadounidense se atribuye a
los productores de la película: “Los coptos expatriados Morris Sadiq y Zulqmah
Issmat, con el apoyo del cura estadounidense Terry Jones”. Para el musulmán
copto es todo aquel seguidor de Jesucristo, sea católico o cristiano.
Los gobernantes del mundo ya se pronunciaron.
Un comunicado del santo papa, enunciado por el Padre Lombardi, portavoz de la
Santa Sede, se refiere a lo ocurrido y comienza diciendo: “El respeto profundo
por las creencias, los textos, los grandes personajes y los símbolos de las
diversas religiones es una premisa esencial de la convivencia pacífica entre
los pueblos”.
““Que nadie se equivoque, se hará
justicia”, declaró Obama, el presidente norteamericano , luego de confirmarse
la muerte de los cuatro diplomáticos a manos de un grupo de extremistas
islámicos, que expresaban su ira por la
película que, de paso hay que decirlo, es totalmente desconocida en Estados
Unidos.
Los avances internacionales de la noticia se refieren a que en el ataque
al consulado durante la noche del martes, algunos testigos observaron la presencia entre los asaltantes
de hombres armados con morteros y granadas, que actuaban en forma de comando,
lo que hace pensar a las autoridades norteamericanas que pudo tratarse de una
operación planificada. Según versiones iníciales, el embajador, Christopher
Stevens, fue perseguido por los atacantes hasta un lugar seguro del recinto
diplomático, donde habría muerto asfixiado tras el lanzamiento de granadas de humo.
Como reacción a la noticia los norteamericanos piensan, y lo dicen reflejando toda la frustración de
la la sociedad estadounidense respecto a un
episodio que choca con los esfuerzos de Obama por entenderse con los Gobiernos
que surgen del levantamiento árabe: “¿Cómo pudo pasar esto en un país que
ayudamos a liberar, en una ciudad que ayudamos a salvar de la destrucción?”.
En el norte de África y en Asia meridional, en los desiertos y mesetas,
en la imaginación, ignorancia y el miedo de los mahometanos, nacieron las
divinidades por las que ahora en los santos
lugares se matan unos a otros mientras que en las lujosas oficinas de los
emires se manipula el fanatismo. ¡Otra vez el Medio Oriente entregado a sus demonios!,
dioses exigentes, sangrientos y despiadados.
La noria del tiempo gira sobre su
eje, no avanza, v ay vuelve. Ya no es
período de postguerra mundial.
Los viejos ingleses, nostálgicos de Tres Lanceros de Bengala o de las novelas
de Kipling, con sus recuerdos ya no
están. Remontándonos un poco, tampoco y desde 1901, existe el terrible emir Abd
ir Rahman, quien ponía orden a su manera: A los que delinquían metía en una jaula y los ponía al borde de los caminos para que
murieran de hambre y frío; cortaba la mano derecha a los ladrones, clavaba de
las orejas, en las paredes de madera, a los comerciantes deshonestos, hacía
asar en sus propios hornos a los
panaderos que comerciaban con la harina y cortaba la lengua a quienes hablaban
demasiado. Frente al resurgimiento de las pasiones arábigas vuelve a estar de
moda el proverbio: “Para comer del mismo
plato con el diablo, se necesita una cuchara con muy largo cabo…”
Egipto, Siria, Líbano, Israel,
Irán, Irak, recurren a un dios que
tienen varios nombres. Bajo cada uno de ellos, camuflan su sed de oro. Oro que puede
ser de color negro o amarillo. Se fusila, las embajadas son atacadas y la
sangre salpica la piedra negra que, en el principio de la Historia Sagrada, el
ángel Gabriel entregara a Abraham.
Después de la noticia del asalto
a la Embajada de Estados Unidos en Libia
hay que recordar la afirmación del escritor Albert Camus: “Lo que me
interesa es saber cómo conducirse cuando
no se cree ni en Dios ni en la razón”.
Tal vez la solución sea recurrir
a una democracia y Paz laicas.
publicado en La Crónica Del Quindío
lunes, 15 de octubre de 2012
Este pueblo de mierda
Este pueblo de mierda
Era
la Navidad de 1955.Hacía frío en París .En el Bar La Chope, del Barrio Latino,
protegido por un abrigo de lana gruesa, color marrón, estaba Gabriel García
Márquez, demasiado delgado, con un rostro en el que cabían únicamente sus ojos.
Hablaba de Literatura y de periodismo, cuando llegó Plinio Apuleyo Mendoza.
Gabo no lo conocía. Había visto una vez al padre de Plinio. Fue en ese momento,
en la helada noche navideña cuando se
encontraron, por primera vez, los que serían los mejores amigos. Gabo ya había
publicado La Hojarasca y estaba enredado en un tema muy amplio del que luego
resultaron dos novelas. Una de ellas El Coronel no tiene quien le escriba.
Con
el resto de incidencias, personajes y hechos que quedó después de finalizada la
novela del coronel, García Márquez creó su tercera obra. Una novela de política
y resentimiento, radicada en un pueblo ribereño y radicalizada en la violencia.
¡Era el tema de moda!
El
pueblo se llama Sucre y forma parte del departamento del mismo nombre. Allí, en
la vida real, vivía desde siempre la familia Barcha Pardo y de allí, un pueblo
bien diferente a Macondo, había sido
habitante Gabo. Sucre fue el escenario de El Coronel no tiene quien le escriba
y de Crónica de una muerte anunciada.
En
marzo de 1956 los pasos sin rumbo y el
estómago vacío, llevaron a Gabo a pasear por el Louvre y el azar, experto en
dados cargados, lo cruzó con Tachia, nacida en el País Vasco , esa noche tenía
27años de edad , era actriz de profesión
y estaba a menos de dos horas de un recital de poesía. A Gabo no le gusta la
poesía. Muy pronto la relación con Tachia se volvió íntima.
García
Márquez siempre dijo que todo el mundo tiene tres vidas: La pública, la privada
y la secreta. Por esa apreciación Tachia
no es muy nombrada y, además, esa
historia corresponde a la época más pobre de su vida. Tanto que tuvo que vender
el tiquete de regreso a Colombia. Luego recogió botellas y periódicos para
negociarlos con los buhoneros. Entonces
empezó a cantar en los buses en París. Él, maravilloso narrador, contó
historias mágicas acompañándose con la
guitarra y La Patillalera, La honda herida y La casa en el aire, las tres de
Escalona, fueron escuchadas por sorprendidos pasajeros, encantados por la folclórica
escena. No entendían ni un carajo pero el acento y el ritmo de los vallenatos
los conquistaban. No en vano son considerados narraciones musicalizadas.
Y
seguía la vida en común con Tachia y aumentaban el amor y las hojas escritas. En mayo de 1956 Tachia
sabe que está embarazada. Luego habría de decir:”Me hice un aborto. La decisión
fue sólo mía”. Esa relación terminó en diciembre de 1956. Regresó Tachia a
España y Gabo seguía dedicado a su
novela, que se publicaría en 1962.
Volvamos
a 1957.Gabo iba de mal a peor, económicamente. Permanecía escondido en el
cuarto para no dar oportunidad de que le cobraran las mensualidades vencidas.
En aquel momento consiguió un empleo: Cantante en un club nocturno. Cantaba,
además de vallenatos, rancheras. Durante
el día retomaba la escritura. Cuando consideró que estaba lista, pues las novelas no se terminan de escribir sino
que el autor las abandona, tenía su horizonte cerrado. Ató con una corbata las
hojas escritas y se fue a México. Pasaron tres años. Convocaron al Premio Esso
Colombia. Un amigo viajaba para Bogotá y
trajo la novela. El 16 de abril de1962
la declararon ganadora. Presidía el jurado el padre Félix Restrepo,
quien se negó a firmar el acta sino le
retiraban a la obra dos palabras: Masturbación y preservativos. También tenían que cambiarle el
nombre. El amigo llamó a Gabo .Éste, urgido del dinero del premio, dijo:”Hagan
lo que quieran”. El preservativo quedó, la masturbación, no. El nuevo nombre
fue el resultado de una coincidencia: La línea final de la última página
dice:”A este pueblo le llegó la mala hora. L a mala Hora es la tercera novela
de Gabriel García Márquez .Antes y durante el lapso de su escritura se
llamó Este Pueblo de Mierda. Así siguió
llamándola Gabo.
Transcurre septiembre, hoy
es domingo 30, del 2012. No importa que Gabo no tenga memoria. Lo que
cuenta es que su forma de hacer Literatura no sea olvidada y que, con sus ojos
sin brillo de recuerdos, camine de la mano de Mercedes Barcha, su esposa, ella
sabe que Gabo está sólo de cuerpo presente
y estará quién sabe hasta cuándo, tal vez por años, pues “el
amor y el arte son los únicos que vencen a la muerte”.
Publicado 2012-09-30 , La Crónica Del Quindío
Hubo un antes, habrá un después…
Hubo un
antes, habrá un después…
“La verdadera historia es aquella que cuenta el paso de un
pueblo por todos los tiempos; aquella
a la que nadie caprichosamente debe marcarle ni principio ni final, aquella que no entiende de
discriminaciones entre desamparados y poderosos, aquella que asume no ser rehén ni de
vencedores ni vencidos. La
verdadera historia es aquella que hará orgullosos herederos a todos sus hijos”. Anónimo
Me quedaré sin palabras si no puedo
desprender, de las quimeras frustradas, las rebeldías inútiles o regresar al
árbol donde escribí, dentro de un corazón sin magia, mi nombre y otro nombre
silenciado antes de cubrirse de olvido. Por cuanto no logré regresar al andén
donde, con un carbón que nunca fue brasa o llama, pinté sus contornos, mi niñez
se volvió eterna y yo ¡muda!
La explicación no es difícil: Nadie
regresa .Siempre se vuelve a otra ciudad, región, vereda o población. Aunque
gastada, la frase es cierta: Nadie se baña dos veces en el mismo rio. Por ello
los hijos de esta ciudad que vuelven, después de peripecias, en búsqueda de lo que dejaron para ir tras
ilusorias posibilidades se sienten extraños en su propia entorno porque el
“milagro de ciudad” que una vez vislumbrara el poeta Guillermo Valencia, desde
la plataforma de un tren, ya no existe.
Fundada el 14 de octubre de 1889 por
Jesús María Ocampo, liberal y militante
en las guerras civiles, conocido como “El Tigrero”, la capital del departamento
del Quindío nació en un sitio llamado Potreros, comprado a don Antonio Herrera
por doscientos pesos. Su fundación se ubicó en un cruce de caminos estratégicos
entre el oriente y occidente de Colombia. Se le dio el nombre de Armenia en
honor a las víctimas de las provincias Armenias en Turquía… Así sería el inicio
de una historia oficial y ortodoxa. Un recuento zurdo o en contravía del estilo
para niño de segundo elemental, tendría
que referirse a la fecha onomástica
con nostalgia, inconformidad y
agridulce sabor. Más agrio que dulce.
La Armenia que cumple 123 años es bien
diferente a la que llegó a sus primeros 100 años y a la que, diez años después de su centenario,
se vistió de negro para llorar por ella misma y por sus hijos, desaparecidos,
muertos o espantados por el terremoto. Se cumplía una predestinación: Con años
de anticipación al sismo, la letra del himno cantaba: “Generosa, leal de frente/al
rubio sol de porvenir/noble Armenia, tu suelo presiente/otra raza altiva, de
dura cerviz”: El Armenia de
antes del 25 de enero de 1999, quedó en los mapas de las bibliotecas. Los vivos
siguen reconstruyendo recuerdos,
edificios y ciudadanía. Los muertos permanecen
en las estadísticas y en los titulares de los periódicos guardados en las
hemerotecas y el dolor, con seguridad, está envuelto en la esperanza colectiva.
Es hora ya de
concreciones: Al tablero pasará el momento actual: ¿La democracia? ¿La
seguridad? ¿El espacio público? ¿La institucionalidad?, ¿el estado de derecho?,
¿la moral?, ¿la ética?, ¿el compromiso social? ¿Armenia?
¡Los problemas la
agobian! Hay, a toda costa, que evitar pañitos de agua tibia. No se hablará de
multitudes celebrantes. Si así se hiciera, se cumpliría aquello que dijo
Gregorio Marañón: “Las muchedumbres tienen muchas cabezas, pero ningún cerebro”…
Y los individuos piensan como Quevedo:”Ayer se fue, mañana no ha llegado; hoy
se está yendo, sin parar un punto. Soy un fue y un será, y un es muy cansado.
La historia de la
civilización humana es la historia de
las ciudades. Desde el mundo griego del
Mediterráneo a las ciudades de piedra de los Mayas y
Aztecas, las ciudades están en el centro de las grandes civilizaciones. No en
vano existieron antes que los países, las naciones o las repúblicas.
Efectivamente, las
ciudades de hoy se convirtieron en lugares complejos y contradictorios.
Simbolizan el progreso pero, también, cargan la amenaza del desastre, el lastre
de la miseria. Acá, en la cumpleañera Armenia, el estado de cosas no es muy
saludable para la gente que, en su día a
día, recorre un calvario de inseguridad,
de carestía y de descomposición social.
Una niña en una
comuna de Bogotá, hace fila durante
horas para llevar, de la llave comunal, agua a su casa; en Cali, una mujer hurga entre montones de
basura, busca cosas que se puedan vender para poder dar de comer a sus hijos;
una familia en
Pereira, carga sus
pertenencias en una costal y busca un lugar donde dormir esa noche, esas son escenas comunes del paisaje urbano.
Mucho
se habla de las dificultades de las ciudades. El problema no es que la ciudad,
en sí, sea mala. El conflicto reside en
que más y más personas se apoyan en los servicios citadinos y llega un momento
en el que la infraestructura no tiene
más cabida y ni el gobierno ni los planificadores ni la sociedad han podido
satisfacer las demandas y las presiones
, amén del pulso entre la politiquería y el encargo
recibido en las urnas.

Armenia es más de lo que dicen sus
estadísticas y noticias. Es tierra de apegos, amores, ataduras familiares e
historia, que más parece una saga en tres renglones, como la canción de Serrat:
"El sacristán vio hacerse viejo al cura, el cura ojeó al sargento, el
sargento al corregidor, el corregidor a
la comadrona, todos envejecieron frente
a los ojos de todos, y el pueblo oteó, después, morir a mi pueblo".
¡Es día de
cumpleaños! Ojalá en algún tiempo el brindis diga ¡en hora buena, qué bien se
vive en Armenia!
publicado 2012-10-15 , La Crónica Del Quindío
Entre el horror y los aplausos
Flor de lilolá
Entre el horror y los
aplausos
El premio Nobel de Literatura 2012
fue otorgado al chino Mo Yan, nombre que en mandarín quiere decir Sin
Comentarios.
China versus Academia Sueca es un aviso que convoca
miradas. Entre el horror y los aplausos va el péndulo gubernamental chino, con
respecto a los premios de la Academia Noruega.
En un lado está el orgullo nacional y la satisfacción de los honores
otorgados a un connacional y de otro lado pende la prevención comunista a lo que
llaman invasión occidental a su cultura y afán de Occidente de imponer su ideología. Casi
puede entenderse que fueran recibidos como bofetadas al sistema las entregas de
Nobel así: Al Dalai Lama, en 1989, que si bien al momento del premio estaba
exiliado en la India, ya por 30 años desde 1959, nació en Qinghai, región de
China. Por este Nobel protestó Pekín afirmando que el líder budista era
secesionista.
En el año 2000, otro chino
disidente, emigrado a Francia desde 1980, el escritor Gao Xingjian , logró el Nobel de Literatura, con una obra que
refleja influencias del modernismo y del teatro del absurdo. La campaña
contra la contaminación intelectual emprendida por el Gobierno chino logró que
la noticia del galardón fuera recibida
con indignación por parte de las autoridades. Los medios de comunicación de la
China no informaron sobre la concesión
del premio.
El partido comunista de China tiene encarcelado
a Liu Xiaobo, escritor Premio Nobel de Paz
2010 quien fue condenado en el año 2009 a 11 años de prisión por ser
coautor de un comunicado que pide terminar con el régimen totalitario y aplicar
reformas democráticas en el gran monstruo oriental. Vivir para ver!
Al que no quiere caldo se le dan dos tazas.
Ahora Mo Yan, el Silencioso, fue
galardonado pero este honor no es considerado polémico: El premiado sabe nadar en
agua dulce o salada. Sus novelas están traducidas al español y otros idiomas. Grandes pechos amplias caderas narra el acontecer vivencial de una mujer casada con un herrero estéril que requiere un heredero. La protagonista da
a luz8 niñas, hijas de diferentes hombres, hasta que ¡al fin!, llega el varón.
En China, que desde 1968 las
parejas sólo pueden concebir un hijo y
que la mujer que tenga dos o más embarazos es sancionada y obligada a abortar,
adicionándole a esta situación el privilegio de heredero que tiene el nacido
bajo el sexo masculino y la discriminación a las nacidas mujeres, a las obras
como la comentada del autor Premio Nobel, el régimen político impide su difusión.
Li Shicun, el más reconocido crítico
literario de Pekín, dijo el pasado viernes: “ El premio es incongruente. No
tiene sentido. El trabajo del autor premiado está totalmente permeado por
escritores americanos: William Faulkner
y Gabriel García Márquez
publicado el 2012-10-15 , La Crónica Del Quindío
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